
Las causas de la infidelidad son diversas. Ésta responde a factores
genéticos, biológicos, químicos, sicológicos, ambientales, sociales y
culturales. Una investigación sobre el tema, en la que participaron académicos
de la Facultad de Sicología y el Instituto de Investigaciones Sociales de la
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), revela que en años recientes
esta práctica se ha incrementado en el país.
Los resultados del estudio muestran que 15 por ciento de las mujeres y 25
por ciento de los hombres han mantenido alguna vez en su vida relaciones extras
con personas que no son su pareja. Y si se contabilizan las infidelidades
sóloemocionales, es decir, que no involucraron sexo, los números se elevan a 35
por ciento en el caso de mujeres y 45 para los varones.
La investigación ubica algunas de las razones por las que las personas ponen
los cuernos. Ellas lo hacen -en el siguiente orden de
importancia- por problemas de comunicación con la pareja, insatisfacción
sexual, falta de amor, características personales de los otros hombres, dinero
y por desquite ante una infidelidad previa de su compañero. En tanto, los
varones recurren a esa práctica atraídos por el físico de otras mujeres, escasa
comunicación, insatisfacción sexual, falta de amor, mala higiene de su pareja,
problemas económicos y por venganza.
Otros datos indican que mientras ellos lo hacen para refrendar su
hombría y buscar placer, las mujeres quieren obtener cariño, comprensión y
afecto. Los sitios más propicios para la infidelidad son: centros de trabajo,
clubes, bares y gimnasios.
El estudio duró alrededor de un año. Se basó en una muestra de 300 parejas,
entre casados, en unión libre y noviazgos. Y se aplicó a personas de 25 a 40
años de edad.
Algunas conclusiones refieren que para ellas es más importante ser tomadas
en cuenta. Uno de los problemas de comunicación que las mujeres identifican es
que sus compañeros no les comparten nada.
Los varones realzan las características físicas de otras mujeres, lo que
indica que en ellos gobierna el impulso y la irreflexión ante la presencia de
una chica atractiva.
Sobre el tema, Ignacio Camacho Arroyo, experto de la Facultad de Química de
la UNAM, comenta que la interacción de ciertas hormonas con receptores
cerebrales específicos hace que algunas personas sean propensas a ser infieles
a sus parejas.
Estudios internacionales han mostrado que la genética es uno de los
factores que participan en la infidelidad. El académico universitario, experto
en investigación biomédica básica, resalta que la hormona llamada vasopresina
está relacionada con los lazos sociales, sean de pareja o
materno/paterno-infantil.
Al igual que el resto de las hormonas, la vasopresina -que participa en la
regulación de diversos procesos en el cuerpo, incluso se le conoce como hormona
antidiurética y es importante para regular la presión arterial- tiene
receptores específicos, y en éstos puede haber variantes en las células.
La presencia de estas variantes -explica Camacho Arroyo- puede determinar
que la mujer o el hombre estrechen o no sus lazos sociales y de pareja. Esto
hace más factible que puedan mantenerse solteros, sean monógamos o mantengan
relaciones de infidelidad.
Pruebas científicas aplicadas en ratones de campo hallaron variantes de los
receptores para vasopresina entre aquellos que se mantenían en la monogamia y
los que era polígamos. Además, la distribución y concentración de estas
variantes fue diferente en el cerebro de los monógamos y de los polígamos.
Posteriormente, con técnicas de biología molecular, los científicos
transfirieron el gen que codifica para alguna de estas variantes de los
roedores monógamos a los polígamos. Y en su etapa adulta, con pruebas conductuales
encontraron que los roedores originalmente polígamos presentaron conductas
monógamas.
Con base en esos avances, hace cuatro años en Suecia se aplicaron pruebas
con seres humanos. En éstas se estudió una variante del gen del receptor para
la vasopresina y se asoció a encuestas donde le preguntaba el estado
sentimental y si tenían o no problemas con sus parejas.
Lo que encontraron fue que había una variante en particular, llamada
AVPR1A, que se asociaba a ciertas conductas: si eran solteros o si estaban
casados y presentaban conflictos, esto último debido a que sus lazos de pareja
no eran tan sólidos ni estrechos. Se piensa, por tanto, que la fidelidad tiene
una determinación genética.
Sin embargo, aclara el investigador, la genética no es el único factor que propicia engañar a la pareja. Esto también se presenta por aspectos biológicos, sociales, ambientales, sicológicos y culturales. Más que una sentencia, presentar ciertas variantes en dichos receptores cerebrales lo único que hace es señalar predisposición a ciertas conductas.