
La hambruna que amenaza a millones de
mexicanos que viven en condiciones de pobreza extrema y que además habitan en
las localidades en las que con mayor fuerza está golpeando la severa sequía, ha
encendido los focos de alarma en torno a la inseguridad alimentaria que todavía
nos caracteriza.
En esa lógica, México enfrenta nuevos retos de enormes
magnitudes, pues los derechos a la alimentación y al acceso universal al agua,
recientemente incorporados al texto de nuestra Constitución, deberían obligar a
un replanteamiento sobre las políticas de subsidios, la infraestructura instalada,
así como la calidad de los servicios que prestan tanto el sector público como
el privado, a fin de garantizar estos dos preceptos.
En sentido estricto, el derecho a la alimentación implica
garantizar a toda la población el acceso oportuno a comida sana e inocua, es
decir, que simultáneamente aporten las suficientes calorías y proteínas para
una buena salud, así como no representar un riesgo para por efectos secundarios
producidos por contenidos, derivados de la fertilización química, o bien por
contener sustancias dañinas para el organismo.
Desde esta perspectiva, resulta paradójico que nuestro
país se esté debatiendo hoy entre el dilema de ver fallecer anualmente a más de
ocho mil 500 personas por desnutrición, y al mismo tiempo, tener una tendencia
que se ha consolidado en la última década, y la cual indica que anualmente
están muriendo más de mil personas por obesidad o hiperalimentación.
Obesidad: tendencia creciente
En México hay una clasificación de enfermedades y causas
de muerte que permiten identificar las tendencias de los padecimientos que
mayor número de decesos generan al
año.
Esta clasificación, denominada como CIE/10 (causas
detalladas), incluye un grupo denominado como "enfermedades endocrinas,
nutricionales y metabólicas" (E00-E90).
Entre éstas, las más importantes por la magnitud de
mortandad que generan, está la diabetes mellitus, los trastornos metabólicos,
la desnutrición y, a partir de 1998 que se modificó la clasificación
internacional de enfermedades, se incluyó la categoría de "obesidad e
hiperalimentación".
La obesidad es definida por la Organización Panamericana
de la Salud como el exceso de grasa en los tejidos del cuerpo humano, lo cual
genera efectos nocivos para el buen funcionamiento de distintos aparatos y
sistemas del organismo.
Debido a este padecimiento, el INEGI informa que en el
periodo que va de 2001 al 2010, en México fallecieron diez mil 48 personas por
esta causa, es decir, mil casos anuales; sin embargo, si se revisa el promedio
sólo para los últimos cinco años para los que se cuenta con información, lo que
se tiene es una cifra de mil 116 casos, es decir, tres muertes al día.
Las estadísticas muestran que el grupo de edad que va de
45 a 60 años concentra la mayoría de las muertes por esta causa, con casi 30%
de los casos ubicados en ese segmento de edad, lo cual permite ubicar
claramente cuáles son los grupos de mayor riesgo.
Igualmente preocupante es la obesidad infantil, pues
además de ser considerados como uno de los tres países con mayor proporción de
niñas y niños con sobrepeso u obesidad; en los últimos cinco años han fallecido
66 menores de 19 años por sobrepeso, cifra récord en la historia de nuestro
país.
Preocupa que en los últimos tres años, se han registrado
también tres casos de muertes de niños menores de un año por obesidad mórbida e
hiperalimentación; y aquí es muy importante señalar lo inaceptable que una niña
o niño que no ha llegado al primer año de vida, pierda la vida por un problema
de sobrepeso.
Entidades en riesgo
Hay entidades que por su dimensión y peso demográfico
naturalmente resultan con las mayores cantidades de fallecimientos en la
década, a causa de la obesidad. En efecto, el Estado de México es el que mayor
número de decesos aportó en el periodo de 2001 a 2010 con dos mil 31 casos; le
sigue el Distrito Federal con mil 800.
En tercer sitio está Jalisco con mil 477 decesos por
obesidad en la década que concluyó; en cuarto sitio, Guanajuato, con mil
116 muertes, así como Veracruz, con mil 53 decesos por la causa señalada.
En orden descendente siguen los estados de Puebla,
Michoacán, Chihuahua, Sonora, Coahuila, Oaxaca y Nuevo León.
Al respecto, cabe destacar que entidades como Michoacán y
Oaxaca, en donde hay muy altos niveles de desnutrición y pobreza extrema, están
ubicados también como estados con muy alta incidencia de mortalidad por
obesidad e hiperalimentación.
En este tema es importante mostrar que hay estados que
aportan un mayor porcentaje de fallecimientos con respecto a la cifra de
población nacional que vive en sus territorios.
Así, la entidad que tiene mayor "sobrerepresentación" de
fallecimientos por obesidad es el Distrito Federal, pues teniendo al 7.9% de la
población nacional, aporta el 17.9% del total de decesos por hiperalimentación.
En segundo lugar está el Estado de México, el cual,
teniendo un 13.5% de la población nacional, aporta un 20.2% del total de
decesos registrados anualmente por obesidad.
En tercer sitio estaría el estado de Jalisco, el cual,
teniendo al 6.5% de la población de la República mexicana, aporta 14.7% de los
decesos por la causas mencionada.
Le sigue en ese orden el estado de Guanajuato, el cual,
aportando un 4.9% del total de habitantes del país, concentra el 11.4% de las
muertes por obesidad.
En quinto sitio se encuentran empatados los estados de
Puebla y Michoacán; el primero, el cual aporta 5.1% de la población, concentra
al 9.4% de los decesos por obesidad, mientras que Michoacán, con un 3.9% de los
habitantes, aporta un 8.2% de los decesos por obesidad que se dan anualmente en
el país.
En sexto lugar estaría el estado de Veracruz, el cual albergando al 6.8% de los habitantes del país, aporta 10.5% del total de muertes por hiperalimentación.